La cabra payoya no se cría en cualquier sitio. Trepa, camina y pace entre los pastos que crecen en las rocas de la sierra gaditana — un ejercicio constante y una alimentación salvaje que se traduce directamente en la leche y, después, en el queso.
Elaborado de forma completamente artesanal con leche cruda y los ingredientes justos — leche, fermentos lácticos y sal — y madurado entre dos y cuatro meses hasta desarrollar una textura firme y masticable con carácter propio. En boca es intenso, con toques ácidos limpios y ese sabor inconfundible que los amantes del queso de cabra reconocen como genuino desde el primer bocado.
No hay atajos en este queso. Solo raza autóctona, proceso artesanal y tiempo.
Para quienes saben que el origen del animal determina el carácter del queso — y buscan precisamente eso. Seleccionado para nuestra tienda gourmet por su autenticidad y ese vínculo directo entre territorio, animal y producto que cada vez es más difícil de encontrar.




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